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miércoles, 11 de abril de 2012

Para la reflexión: Notas sobre el 30 de marzo, Día Internacional de las Empledas del Hogar

El Colectivo de Empleadas Domésticas de los Altos de Chiapas, integrante de la Red Nacional de Trabajadoras del Hogar, nos comparte lo siguiente:

En el marco del 30 de marzo “Día internacional de las Trabajadoras del Hogar”, desde el Colectivo de Empleadas Domésticas de los Altos de Chiapas queremos dar a conocer un texto sobre la situación de las empleadas domésticas en Chiapas. El documento que presentamos ahora, es fruto de un trabajo de diagnóstico que realizamos durante los últimos cuatro meses del año 2011, en colaboración con Iniciativas para la Identidad y la Inclusión,  así como de una serie de talleres de análisis y reflexión sobre nuestra problemática. 
 
Esperamos que el texto pueda ser leído, reflexionado y difundido para contribuir al debate sobre el trabajo doméstico remunerado y llamar la atención sobre las condiciones de explotación y discriminación que numerosas mujeres en Chiapas padecen al emplearse en el servicio doméstico.

Con este texto iniciamos una serie de actividades de difusión sobre la problemática que viven las empleadas domésticas, en el marco de diversas acciones que realizaremos de manera conjunta con otras organizaciones de empleadas domésticas para lograr la ratificación del Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo.

Les agradecemos de antemano la atención y difusión que puedan hacer de esta información, esperando que les pueda ser útil.

Presentamos aquí la primera parte de este artículo:
 
La situación de las empleadas domésticas en Chiapas: explotación laboral y discriminación.
Un acercamiento

Norma Iris Cacho Niño[1]
Marzo 2012

“Yo vine cuando tenía siete años, como allá son pobres vinieron mis papás a buscar trabajo y a los catorce años empecé a trabajar de empleada doméstica. Fue lo primero que encontré porque no sabía que otro trabajo había. Me pagaban cien pesos mensuales, como era muy chica entonces no me pagaban mucho.  Ahorita me siguen explotando, trabajo con una señora que me paga ochocientos al mes…”
(Yolanda, empleada doméstica)[2]

Introducción

Este artículo constituye apenas una breve caracterización de la situación de las empleadas domésticas en Chiapas.

En una encuesta realizada hace varios años en medio de una campaña para dignificar el trabajo doméstico, de 2123 mujeres dedicadas a esta ocupación, se impuso el término “empleada del hogar”, seguido por “trabajadora del servicio doméstico”, “trabajadora del hogar” y “empleada del servicio doméstico”[3]. El amplio debate y la dificultad de consenso en el término, se refiere en parte a lo amplio que puede resultar el concepto para denominar la prestación de servicios en una casa y lo que de eso deriva.

Para los propósitos de este artículo utilizaré el término ‘empleada doméstica’ por dos razones. En primer lugar porque es la denominación que las compañeras fundadoras e integrantes del Colectivo de Empleadas Domésticas de los Altos de Chiapas (valga decir primer colectivo que agrupa a este sector laboral en Chiapas) decidieron utilizar. En segundo lugar porque considero, sin que asegure que sea el más correcto, que es un término fácilmente identificable en su significado para cualquier persona. Sin embargo, hacemos un llamado a interpelar el término, puesto que lo “doméstico” hace referencia al espacio privado y sobre todo a la idea de “domesticación”, que en muchas ocasiones es utilizado de manera despectiva hacia las mujeres que realizan esta labor, así como justificación para la explotación laboral derivada de no considerar a ese trabajo como la prestación de un servicio laboral.

Comenzaré con una caracterización general de la situación de las empleadas domésticas en Chiapas, continuando con la identificación de las principales violaciones a sus derechos humanos y laborales que hemos detectado en el diagnóstico que hemos realizado como antecedente a este artículo. Al final hablaremos sobre la lucha librada por las organizaciones de empleadas del hogar desde hace por lo menos 20 años, que abre una nueva etapa con la reciente aprobación del Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo, en materia de trabajo doméstico remunerado.

Por último, cabe decir que varios de los resultados que aquí presentamos son producto de un trabajo de diagnóstico sobre las condiciones de las empleadas domésticas en San Cristóbal de las Casas, que realizamos entre septiembre y diciembre de 2011. Fue un trabajo de colaboración entre el Colectivo de Empleadas Domésticas de los Altos de Chiapas, A. C.  e  Iniciativas para la Identidad y la Inclusión, A. C.

Situación de las empleadas domésticas en Chiapas y México.

“A los 12 años vine a trabajar como empleada doméstica, me faltaba dinero, mis papás son pobres y no hay que comer a veces, por eso vine a trabajar… una prima me trajo a San Cristóbal, ella me decía que aquí íbamos a ganar bien…”
(Lucía, ex empleada doméstica)

Sirvientas, criadas, chachas, gatas, muchachas, son términos empleados popularmente para referirse a las empleadas domésticas en México. Mujeres que por diversas circunstancias se emplean en casas ajenas para realizar servicios de limpieza, comida, atención y cuidado.

¿De qué estamos hablando cuando nos referimos al trabajo doméstico? El término es ambiguo y a la vez tan naturalizado en nuestra sociedad como una tarea propia de las mujeres, que debemos realizar en nuestras casas. Son labores fundamentales para la reproducción de la familia, pero no son valorizadas, ni reconocidas como trabajo; son consideradas “cosas” que las mujeres hacen en sus casas, sus obligaciones naturales como esposas y madres. Las mujeres que se emplean en el trabajo doméstico asalariado cumplen esas mismas funciones y hasta más, en sus propias casas y en las ajenas.

La Confederación Latinoamericana y del Caribe de Trabajadoras del Hogar (CONLACTRAHO) define al trabajo del hogar como: “el trabajo que se realiza en casas y comprende actividades muy variadas, por lo que no es fácil de clasificar. Incluye ocupaciones como: limpiar, lavar la ropa, planchar, barrer, sacudir, hacer las compras, cocinar, cuidar a los enfermos, a los adultos mayores y a los niños, ocuparse de atender a las mascotas”[4]. La Red Nacional de Trabajadoras del Hogar, por su parte, define al servicio doméstico como: “el trabajo que realizan las empleadas del hogar, en casas distintas a las suyas, a cambio de un salario y durante una jornada conforme a lo que la ley marca”[5]

En su mayoría, las mujeres empleadas domésticas son de origen rural, expulsadas por la pobreza de sus comunidades de origen, migrando a las ciudades en búsqueda de mejores condiciones de vida. El empleo doméstico se vuelve para muchas de ellas la única alternativa, dados los bajos niveles de educación con los que cuentan, además de las condiciones de marginación que caracteriza su llegada a las ciudades.

La forma en que llevan a cabo el trato para el trabajo con su empleador/a, por lo general se da de dos maneras: de planta o entrada por salida. El trabajo de planta ha disminuido en los últimos años y se da más el de entrada por salida. Se estima que actualmente en las ciudades, alrededor del 12% de las mujeres que se emplean en el trabajo doméstico, lo hacen de planta[6]. Una posible explicación para esta reducción se deba tal vez al reajuste de la economía nacional en los últimos años, dónde cada vez más mujeres se ven en la necesidad de trabajar como empleadas domésticas en la medida de sus propias posibilidades y las del trabajo: en varias casas, por día, por horas, por trabajo determinado (servicios de lavado y planchado, por ejemplo), en vez de en una sola casa.

En México el servicio doméstico ha sido uno de los principales empleos de las mujeres, para quienes les han sido negadas otras oportunidades de desarrollo personal y laboral, debido a los bajos niveles de escolaridad que todavía enfrentan, sobre todo en las zonas marginadas. Según datos de la Encuesta Nacional de Empleo para el tercer trimestre de 2011, la población laborando en el empleo doméstico es de 2 millones 104 mil 951 personas, de las cuales 1 millón 923 mil 822 son mujeres[7]. Estamos hablando entonces de un trabajo feminizado, puesto que 1 de cada 9 mujeres que participa en el mercado laboral es empleada doméstica.

El porcentaje nacional de población femenina económicamente activa que labora en el empleo doméstico es del 11.2%. Los estados del sur sureste del país presentan cifras por encima del promedio nacional. Tabasco es el estado con el mayor porcentaje con 20.6%. Mientras que Chiapas también se encuentra arriba del promedio, con un 12.2% de población femenil trabajando en el empleo doméstico. Mientras que en los estados del norte menos mujeres trabajan como empleadas domésticas y muchas más como artesanas, obreras y comerciantes.

La situación de las empleadas domésticas en Chiapas presenta similitudes con el resto del país, pero también cuenta con características que lo hacen particular.

Según el censo de 2010, en Chiapas la población económicamente activa es de 1 millón 759 mil 039 personas, de las que 512, 809 son mujeres. De ese número, más del 12% ejerce servicio como empleadas domésticas[8]. La mayoría de las mujeres que trabajan en el empleo doméstico proceden de zonas indígenas y campesinas, habitando en zonas marginadas de las ciudades. Se estima que en Chiapas es la principal ocupación, junto con el comercio, de las mujeres jóvenes provenientes del medio rural.

En San Cristóbal de las Casas, buena parte de la migración femenina proviene de comunidades de los Altos de Chiapas, habitando en zonas como la Hormiga, la colonia Nueva Maravilla y  Prudencio Moscoso, principalmente, que constituyen el grueso del sector de empleadas domésticas. Muchas de ellas han emigrado a temprana edad, siendo trabajadoras en casas ajenas desde la infancia, laborando jornadas extensas por salarios muy bajos y en condiciones de semi esclavitud. El racismo, la discriminación y la explotación han sido las características de las relaciones laborales establecidas con sus empleadores. En muchos casos ni siquiera se les reconoce como trabajadoras, sino como prestadoras de una ayuda en casa ajena. Se les ofrece techo y comida como pago a su trabajo. El manejo deficiente del español y la poca o nula educación básica favorecen aún más la explotación y las mantiene aisladas en un contexto desfavorable que no les reconoce los mínimos derechos humanos y laborales.

Numerosas mujeres jóvenes migrantes campesinas e indígenas, encuentran en el empleo doméstico una de sus primeras opciones para subsistir en las ciudades. Muchas empleadas domésticas adultas han seguido ejerciendo esa labor hasta la actualidad; para otras fue su primera opción en tanto accedían a otras posibilidades laborales o terminaban sus estudios. En las encuestas realizadas por CEDACH e INICIA, el 40.4% de las empleadas domésticas encuestadas son menores de 29 años. Esto nos indica que el empleo doméstico continúa siendo es una opción para las mujeres jóvenes.

En la actualidad, buen número de niñas y adolescentes se emplean en el trabajo doméstico en esta ciudad. Es posible ver constantes anuncios solicitando “chamacas” para realizar labores domésticas, en clara referencia a mujeres jóvenes que puedan ser más fácilmente explotables, pues en la mayoría de los casos les ofrecen salarios miserables o comida y ropa como pago; cómo son jóvenes, se justifica pagarles un menor salario que a las mujeres adultas. También suelen hacerse tratos con los padres que son los que cobran el salario, mientras las jóvenes trabajan tanto en casas ajenas como en las propias, sin acceso a estudios y a otras oportunidades de desarrollo. Por si fuera poco, el trabajo doméstico para las mujeres jóvenes implica formas de explotación y violencia particulares por ser consideradas más vulnerables o encontrarse solas al llegar a las ciudades. Asimismo, se les asignan trabajos determinados, además de las labores generales de limpieza que implica el trabajo doméstico:

“Con la maestra duré año y medio, me fue dando vuelta hasta que tenía dieciocho años, entonces dejé de cargar bebé porque ya sabía cocinar, como persona ya grande de casa ya me decían ‘tú te quedas a la cocina y ya buscamos otra para cuidar bebés’, entonces normalmente usan las niñas de doce a trece años para que carguen bebés y a las más grandes nos usan para la cocina”
(Catalina, empleada doméstica)

Se estima que en la actualidad, a nivel mundial, más de 52 millones de personas mayores de 15 años se emplean en el trabajo doméstico. Las mujeres son la mayoría con un 83% del total, constituyendo el 7.5% de la fuerza de trabajo femenina asalariada en el mundo[9]. A nivel nacional, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, casi el 10% de mujeres trabajadoras domésticas son menores de 20 años. A este sector de empleadas domésticas jóvenes se les impide acceder a la escuela y a tener actividades de esparcimiento o diversión. Muchas trabajadoras jóvenes aspiran a llegar a las ciudades para tener la oportunidad de estudiar y trabajar. En muchos casos aunque la posibilidad de estudiar puede ser un gancho para emplearlas en el servicio doméstico, en la mayoría de los casos los empleadores restringen esa oportunidad.

Continuará...


[1] Etnóloga, feminista y educadora popular. Desde hace más de seis años acompaña diversos procesos organizativos y de formación con mujeres y comunidades en Chiapas. Actualmente es colaboradora externa para el fortalecimiento organizativo y político del Colectivo de Empleadas Domésticas de los Altos de Chiapas. Asimismo, trabaja en un proceso de formación en alfabetización y derechos con mujeres indígenas en Oaxaca.
[2] Todos los testimonios que se presentan a lo largo del texto son de mujeres empleadas y ex empleadas domésticas en San Cristóbal de las Casas, actuales integrantes del Colectivo de Empleadas Domésticas de los Altos de Chiapas, A. C.
[3] Goldsmith, Mary, “De sirvientas a empleadas del hogar. La cara cambiante del servicio doméstico en México” en Miradas feministas sobre las mexicanas del siglo XX, Martha Lamas (coordinadora), Fondo de Cultura Económica, CONACULTA, México, 2007.
[4] Para más información sobre la Confederación Latinoamericana y del Caribe de Trabajadoras del Hogar, ver su sitio web: www.conlactraho.org
[5] Para consultar información sobre la Red Nacional de Trabajadoras del hogar, ver: redtrabajadorasdelhogar.blogspot.mx
[6] Arrieta, Ainara. El trato social hacia las mujeres indígenas que ejercen trabajo doméstico en zonas urbanas, México, Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, 2008.
[7] Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo. Cifras al segundo trimestre de 2011, Instituto Nacional de Estadística y Geografía. http://www.inegi.org.mx/sistemas/tabuladosbasicos2/indesttrim.aspx?c=27613&s=est
[8] Censo nacional de población y vivienda 2010, Instituto Nacional de Estadística y Geografía.
http://www.inegi.org.mx/sistemas/mexicocifras/default.aspx?e=7
[9]  “La 100ª Conferencia de la OIT adoptó normas laborales para proteger entre 53 y 100 millones de trabajadores domésticos en el mundo”.
http://www.ilo.org/ilc/ILCSessions/100thSession/media-centre/press-releases/WCMS_157892/lang--es/index.htm

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